UDS Maverick, uno

Viajes — Domingo 09 de Mayo de 2010, 19:24

En la semana del 10 al 15 de Mayo se realiza el Ubuntu Developers Summit para Maverick Meerka, en Bruselas, Bélgica.

Salí de Argentina el Sábado a la una de la tarde, en un vuelo a Madrid sin mayor novedad, excepto que estaba el la troupe de Charly García (reconocí al Zorrito Vön Quintiero), y que el avión era una mierda: un vuelo de 11 horas sin pantallita individual y sin enchufe para la laptop; juro que trataré de evitar Iberia de ahora en más.

La escala fue en Madrid a la madrugada, y al mediodía ya estaba en Bélgica. Del aeropuerto me tomé un tren por una estación, y de allí otro por un buen rato hasta la ciudad donde estaba el hotel (de la estación al hotel mismo había un micro que iba y venía).

Estación de tren en Bélgica

Llegué a la habitación (que comparto con John, pero él ya estaba desde la semana pasada), desensillé, nos comimos una ensalada, y descansé un rato hasta la reunión al atardecer.

Allí nos contaron algunas cosas en las que Canonical se enfocará para el próximo ciclo, cosas que todavía no se conocen pero van a hacerse públicas durante la semana.

Luego, una cena con mucha charla, ya que fui encontrando gente que no veía hace rato, nos tomamos una cerveza con John, más charla, y al sobre!

Cerveza!

Semana santa

Viajes — Lunes 12 de Abril de 2010, 17:14

Fueron cuatro días, pero los tenía tan ocupados como pocas veces. Finalmente, decidí sacrificar el empezado PyWeek (en el que laburé en el arranque y algo en la semana), y me tomé el jueves para visitar a Agata, y el resto de los días para ir con familia a Junín.

Agata estuvo un par de semanas en Argentina, y la fuimos a visitar un día de semana a la noche ni bien llegó. Pero debíamos pasar un rato más largo y relajado, así que apuntamos a ir uno de los días de semana santa. Como finalmente salió el viaje en familia a algún lado, la visita fue el jueves.

Así que el primer día del finde largo lo pasamos en Padua, viendo jugar a Felipe y Lautaro (que se llevan un día de diferencia), y charlando mucho mucho.

Felipe y Lautaro

Como fuimos a la mañana, pudimos aprovechar bastante tiempo al aire libre, almorzamos, hicimos vagancia, etc. Un regio día con amigos, como quien dice.

Ya casi al final del día decidimos hacer una foto del estilo de la anterior, y aunque los pequeños nos complicaron la operatoria y ya nos quedábamos sin luz, salió algo interesante...

Los seis!

Directamente desde la casa de los padres de Agata salimos para Junín. Salimos ya anocheciendo, y llegamos bien entrada la noche a la Laguna de Gómez, a las afueras de la mencionada ciudad, donde nos esperaban Diana y Gustavo en una casita que habíamos alquilado para todo el fin de semana.

Ellos habían ido más temprano ese día, y ya habían paseado algo, conocido, y lo más importante, preparado algo de comida que atacamos ni bien llegamos :). Así que morfamos algo, acomodamos las cosas, armamos nuestra cama y la cuna de Felu, y nos fuimos a dormir.

Al otro día nos levantamos tempranito con Moni y salimos a pasear con Felipe por la costa de la laguna. Caminamos algo (aunque estaba más fresco de lo que pensábamos), y volviendo compramos algo para invitar al desayuno.

Ya llegando al mediodía llegaron Karina, Pablo, Nahuel y la Tía Estela, que viajaban ese viernes. Llegaron justo cuando nosotros estábamos en el supermercado comprando cosas para almorzar, así que nos tuvieron que esperar un rato en los juegos cercanos hasta que llegamos.

Viernes, sábado y domingo, la pasamos muy bien. El lugar es hermoso, tiene una laguna muy apta para la pesca (actividad en la que ninguno de nosotros incursionó), juegos para los más chicos (y para los no tanto), pequeños puestos de artesanías, etc.

Felu y Moni en el tambor

Uno de los días compramos carne e hicimos un asado bárbaro, al anochecer del día, en una parrilla que estaba en la casa. "Hicimos" no es el término más adecuado, realmente lo hizo Gustavo y nosotros lo ayudamos, así que las felicitaciones son para él.

Anocheceres como ese invitan a la fotografía (teniendo especialmente en cuenta que alguien más cuida el asado), así que les dejo una postal:

Atardecer

Una de las tardes hasta tuvimos tiempo de dejar a Felipe con Gustavo (Diana se estaba bañando, luego de que rescatara a Auca que se había tirado a la laguna), y fuimos con Moni a pegar una vuelta por el lugar en unos de esos carritos/bicicleta.

Igual, no resistimos la tentación, y ya al terminarse el tiempo pasamos por la casita, agarramos al pequeño, nos sacamos unas fotos, y luego lo llevamos en el carrito la última cuadra que nos quedaba para devolver dicho vehículo.

Paseando

El domingo, partimos a eso de las 19hs para casa, y aunque nos agarró una congestión bastante fea al llegar a Chacabuco, el viaje de vuelta fue sin novedad (por otro lado, aprovechamos para desviarnos y pasar por el centro de Chacabuco, y pegar una mirada para ver cómo era).

Esperemos que el año que viene se repita, ¡y con más familia!

Vacaciones en Barcelona

Viajes — Domingo 14 de Junio de 2009, 08:23

Después de los días que pasé en Barcelona por trabajo (AllHands y UDS), me tomé una semana de vacaciones. Moni hizo lo mismo, con lo cual tuvimos un lindo paseo los tres (contando a Felipe) por esta ciudad.

Moni llegó el sábado a la tarde, pero no hicimos nada en particular, ya que ella venía bien cansada: pasamos por el super y compramos varias cosas para la heladerita del apart hotel en el que estábamos, comimos, y nos fuimos a dormir temprano.

Al otro día salimos temprano, pasamos por el Arco del Triunfo, un parque con un lindo monumento azulejado, y luego encaramos para el Parc de la Ciutadella. La idea era recorrer una feria que había visto el domingo anterior, pero esta vez no había nada por el estilo. Moni no se sentía del todo bien, así que volvimos al hotel a media tarde, y ya nos quedamos allí.

Parque azulejado

El lunes arrancamos tarde porque Moni tenía que terminar unos informes de un curso que está haciendo. Arrancamos la mañana visitando La Sagrada Familia, uno de los monumentos arquitectónicos de Gaudí (que lástima que sea una iglesia...). Luego fuimos a la Barceloneta, justo para comer en un lugar que estuvo bárbaro (el truco de preguntarle a algún local). Luego del almuerzo seguimos paseando cerca del mar, especialmente por las playas. Es rara la combinación de playa cerca del centro de la ciudad... uno está acostumbrado a la ciudad grande sin mar, y a la playa en ciudades pequeñas. Las playas mismas también eran raras: no sólo por la arena mucho más gruesa que las de Argentina, sino también por el topless de buena parte de las féminas.

Al volver de las playas, atravesamos la zona de edificios de la Barceloneta, y con agrado nos encontramos la sorpresa de que había varias comparsas desfilando por las callecitas. Nos las quedamos viendo un rato, pero luego ya volvimos al hotel, porque al otro día había que levantarse temprano.

Playa!

El martes fuimos a una pequeña ciudad a menos de una hora de viaje: Badalona. Entre que no salimos tan temprano, que le pifiamos a un tren, y que paseamos un poco al llegar, se hizo la hora de almorzar. Elegimos un barcito muy chiquito, muy de pueblo, en el cual nos atendieron muy bien.

Luego fuimos a la playa (muy similar a la anterior), donde nos quedamos bastante, esta vez tomando sol y todo. Al ser más chica la ciudad, y no ser día festivo como el lunes, había mucha menos gente, así que estuvimos más que tranquilos. Cuando el sol empezó a caer, juntamos las cosas y nos fuimos a tomar el tren: llegamos al hotel super cansados...

Al otro día, luego de pasar por unos negocios de computación averiguando algunos precios y comprando un pen drive, fuimos al parque de Joan Miró. Lástima que la biblioteca estaba cerrada, pero el resto del parque estaba muy bien... pasamos por los juegos, toda una zona muy linda de plantas, y terminamos en la obra de arte principal:

Monumento en el Parque Miró

Luego almorzamos en un barzucho de por ahí, y emprendimos la subida a Montjüic. Caminamos un rato por los caminitos internos, hasta que llegamos a la Fundación Miró, a la que Moni tenía ganas de ir. La verdad que no estuvo muy bueno... tenían tres o cuatro cosas interesantes de Miró, y terminamos pasando más tiempo en la biblioteca del lugar (exclusivamente dedicada al pintor/escultor) que en otro lado.

De la zona nos fuimos en funicular: una especie de tren medio subterráneo que bajaba a unos 30 grados de pendiente, hasta combinar con una estación de metro abajo en la ciudad. De ahí derechito a casa, que el jueves iba a ser un día largo.

Es que al otro día nos fuimos a Tarragona, donde Tere nos recibió y ayudó durante todo el día (pero no se pudo quedar con nosotros porque había teníado un pequeño accidente de moto tres días antes, y no se podía quedar sentada o parada mucho porque le dolía).

De la estación de tren nos llevó a la playa Sovinosa, en la que nos quedamos toda la mañana, hasta pasado el mediodía. La playa era muy linda, formada por una pequeña bahía, con arena muy muy fina. Además, era mitad playa normal y mitad playa nudista, así que aproveché para tomar sol completito, :)

Desnudo en el Mediterráneo

Tere nos pasó a buscar cerca de la playa, y nos llevó a su casa, donde nos pegamos un buen baño, y comimos una picadita muy rica mientras charlábamos. Cuando ya estábamos sin arena y listos para encarar el resto del día, nos llevó a pasear un rato por Tarragona, terminando en un restaurant muy lindo donde comimos una paella de mariscos que estaba genial.

Luego, con la panza llena, salimos a caminar por la ciudad, hasta que no dimos más del cansancio, y nos sentamos a tomar algo en un bar, por donde nos pasó a buscar nuevamente Tere para llevarnos a la estación. ¡Gracias Tere por toda la ayuda, lástima que no pudiste quedarte con nosotros todo el día! Volvimos a casa realmente rotos, derechito a dormir.

El viernes el día arrancó gris, amagando lluvia. Fuimos caminando hasta La Pedrera, una de las obras civiles más lindas de Gaudí. Entramos y fuimos derechito a la terraza, antes de que la cierren por lluvia, y luego recorrimos el resto del edificio. Luego volvimos al hotel, y llegamos justo, ya que a los diez minutos de entrar se largó a llover mucho...

Nota aparte sobre Gaudí... me encanta el arte que tiene, y la ingeniería con que arma sus obras arquitectónicas. Pero me entristece como durante su vida pasó del cooperativismo a la burguesía, convirtiéndose también al catolicismo. Esto se ve en la evolución de sus obras, pero yo lo repito acá con la autoridad de haberlo leído en una de las infografías del museo dentro de La Pedrera.

Los tres en la terraza de La Pedrera

Al atardecer salimos a pasear más por el centro. Encontramos un mercado muy bueno, el Mercat St. Josep, con mucha variedad de frutas, verduras, carnes, pescados, mariscos, dulces, embutidos, de todo. No compramos nada, porque ya se nos acababa la estadía... ¡lástima que no lo descubrimos antes!

Luego de caminar un rato por las callejuelas del Barrio Gótico, encontramos un lugar con una linda onda como para cenar. Resultó ser comida vasca, y la verdad que estaba muy bien (no sólo la comida... el lugar era bárbaro). Después de comer, un poco más de paseo, y a dormir.

El sábado, último día en Barcelona, arrancamos temprano para terminar temprano. Recorrimos bastante del Park Güell, y después enfilamos para el centro, al Museo Picasso. El museo estaba bastante bien, aunque podría ser más barato (y nosotros podríamos haber sabido que el primer domingo de cada mes es gratis...). Me gusta Picasso, pero también confirmé que no me gusta el cubismo.

El domingo nos levantamos muy temprano, terminamos de armar todas las valijas, y a las siete estábamos saliendo para el aeropuerto. Luego de un corto e incómodo viaje llegamos a Madrid, con algo de demora, pero a tiempo para encontrarnos con Javi y Cheli, que nos esperaban en la entrada del Museo del Prado. Igual no entramos directamente, porque resulta que cambiaron las reglas y ahora los domingos es gratis luego de las 17 horas...

Así que nos fuimos a pasear por toda la ciudad, comimos algo rico por ahí, seguimos paseando y caminando, fuimos al Museo, seguimos paseando, así toda la tarde. Ya cayendo la noche, nos metimos en un bar, donde tomamos algo y nos quedamos charlando hasta que fue la hora de irnos.

Nos tomamos el metro hasta el aeropuerto, y el avión a casa. Finalmente, ¡en Argentina de nuevo! Se extraña el hogar, y eso que estuve afuera sólo tres semanas...

Karmic UDS

Viajes — Miércoles 03 de Junio de 2009, 08:47

Pasó la semana del Ubuntu Developer Summit en preparación para Karmic Koala (Ubuntu 9.10).

El lunes tuvimos una reunión de equipo, donde vimos y definimos un montón de cosas, aunque quedaron varias otras por definir... veremos que pasa. Me hubiese gustado otro día más de reunión, pero bueno...

Los otros cuatro días me los pasé trabajando en uno de los próximos servicios que daremos en UbuntuOne. Trabajar en un servicio, pero dentro del UDS, implica que hay que ver qué cosas se van a necesitar que estén en el próximo Ubuntu, e ir estudiando cómo se van a acomodar esas cosas. Eso es lo bueno del UDS, te permite planear el trabajo de integración con anticipación.

Anyway... trabajé mucho, lo que implicaba en muchas ocasiones asistir a las reuniones de UDS para aprender, entender, o explicar/contar cosas. Otra faceta del laburo fue reunirnos con el equipo de diseño para discutir unos cambios en un diálogo, cosa que es muy dificil hacer a la distancia. Fue una semana bastante cansadora.

A la noche, cuando terminaba el trabajo formal, normalmente uno seguía con trabajo atrasado, o se iba a pasear un poco y conocer Barcelona. También armamos una regia picada en la habitación, y jugamos al Catán con los chicos, experiencia que involucró derramar aceite de boquerones sobre una cama (por suerte no pasó a mayores).

El miércoles aproveché para ir a cenar con Tere, Santi y Rosa Mari. Caminamos un rato buscando un buen lugar, y finalmente lo encontramos. Estuvo muy bien, hacía mucho que no veía a Tere, y a sus amigos no los conocía personalmente, así que estuvimos de charla y charla toda la noche.

Al otro día dijimos con Lucio que nos íbamos a quedar en el hotel, pero Martín nos dijo de ir a cenar, así que aprovechamos y fuimos a pasear por el Park Güell un rato, hasta que cayó bastante la luz, cenamos por ahí, y volvimos.

Park Güell

El viernes había un karaoke organizado por la empresa a la noche, así que dormí un par de horas de siesta, me levanté y fuí al bar que se había reservado todo para nosotros. Comí algo, tomé algo, escuché a algunos hacer que cantaban, y cuando me aburrí (bastante pronto), me volví al hotel.

Nos quedamos charlando un rato con Lucio, y de pronto me suena el celular: era Moni, que estaba en Ezeiza para tomar el vuelo hacia Barcelona, pero no la dejaban subir al avión por un detalle en el trámite de la compra del pasaje: yo no había presentado mi tarjeta para validarla (y eso que ya me habían debitado el dinero de mi cuenta y todo...). Corté con Moni y llamé a Iberia Argentina, pero sólo atienden de 9 a 18 (y eran las 20 en Arg, una de la mañana en España), así que llamé a Iberia España... me dijeron que tenía que presentar la tarjeta sí o sí (por suerte la tenía encima), y que a esa hora sólo había gente en los aeropuertos.

Así que me puse las zapatillas, salí corriendo a agarrar un taxi, y en 15 minutos estaba en el aeropuerto de Barcelona. En la zona de Iberia no había nadie, pero un guardia de seguridad me indicó dónde estaba Informaciones (yo ya estaba llamando a Iberia de nuevo), y la chica de allí salió corriendo a buscarme el supervisor de Iberia (alguien tenía que haber, dijo). Vino el supervisor, revisó la tarjeta, aprobó todo, e incluso habló con el de Iberia en Argentina. Finalmente se solucionó todo, y Moni pudo viajar, ¡pero que susto!

Al día siguiente Lucio se fue muy temprano, yo me levanté más tarde, junté todo, armé la valija, hice el checkout, y partí para el hotel donde estaría con Moni, en Barcelona una semana más.

Sprint en Córdoba

Viajes — Jueves 12 de Marzo de 2009, 09:12

Resulta que en el laburo, porque se dieron determinadas condiciones, surgió la necesidad de que el equipo en Argentina se junte a hacer un laburo intensivo y urgente.

John no podía venir a Bs As en esas semanas, así que nos fuimos Guillo, Lucio y el que suscribe para allá. Laburamos en distintos lados, por problemas de conectividad, pero principalmente en la "oficina" de John.

Así que la última semana y media de Febrero la pasé trabajando *mucho* en Córdoba (por eso hace rato que no escribo acá).

La pasamos así de mal mientras estábamos diseñando...

Discutiendo diseño

...o ya programando...

Codeando

No se quejen, que no les muestro las fotos de cuando estábamos en la pile. Y como si fuera poco, tuvimos visitas (como Perrito, o Fede), y hasta nos juntamos con los chicos de Córdoba a tomar algo (fuimos a reuniones del GrULiC y todo!).

Semana de trabajo

Viajes — Martes 16 de Diciembre de 2008, 16:59

La última semana la pasé en una gran reunión de trabajo en California.

El contingente argentino de Canonical salió por partes. Particularmente, viajé con Lucio en el primer tramo, y con también John en el segundo. Llegamos el domingo a la mañana, pasamos a buscar el auto de alquiler que habíamos reservado, y fuimos al hotel. Hicimos el check in, y salimos a pegar un par de vueltas, caminando, en las cercanías. Al rato volvimos al hotel y ya nos encontramos con Guillo que llegó pasado el mediodía. No sólo estábamos nosotros en el hotel, sino también todos los empleados de Canonical que no vivían cerca, lo cual creaba un ambiente "muy de conferencia geek" (¡buenísimo!).

Almorzamos en un lugar de comidas tailandesas, y ese fue el comienzo de un pequeño turismo gastronómico. A la noche cenamos en un lugar de pescados. El lunes, comida coreana al mediodía, y mejicana a la noche. El martes almorzamos comida india, y ya a la noche no decidíamos nosotros, porque era la cena "reunión de grupo", con todos todos los de nuestro equipo, con gran jefe y todo.

Esos dos primeros días de trabajo los pasamos reunidos en el hotel. Programamos poco y nada (más nada que poco); todo fue una gran sucesión de temas tratados entre todos o en pequeños subgrupos, para definir lo que íbamos a seguir haciendo, planificar, mejorar los procesos, etc. Muy piola.

Los últimos tres días, participamos del UDS de Jaunty https://wiki.ubuntu.com/UDSJaunty. El UDS es una reunión de cinco días que hace Canonical http://www.canonical.com/ dos veces por año, con gran parte de sus empleados, más algunos invitados (¡foto!). Es abierta, con lo cual el que quiera acercarse puede hacerlo sin problema (en esta oportunidad el evento fue en las oficinas de Google, en California). En esos días se discuten, en distintas reuniones y presentaciones, los próximos pasos de Ubuntu, a mediano y corto plazo.

Decía, entonces, que nuestros últimos tres días fueron parte de este evento, pero no lo utilizamos para ello en su totalidad. Fuimos a algunas charlas interesantes, pero también aprovechamos para programar juntos y hacer algunas tareas que se resolvían de mejor manera trabajando codo a codo. El horario era de 9 a 18, y comíamos en el comedor de Google (si me preguntan, "medio pelo").

El miércoles, luego de trabajar, nos fuimos a visitar el Museo de la Computación. Ahí vimos basicamente una colección de equipos viejos, lo cual era fascinante para el que le gusta, :). Lo más loco es que bastante de eso "viejo" fue vivido incluso por nosotros... Pero lo más impresionante de todo fue la Máquina Diferencial número 2 de Charles Babbage.

Resulta que el muchacho este, en 1822 diseñó primero una máquina mecánica de cálculo diferencial, y luego la perfeccionó, logrando la máquina que acabo de mencionar. Ninguna de las dos máquinas se construyeron, incluso aunque el gobierno puso dinero e infrastructura para ello. Pero Babbage dejó planos muy específicos, y la máquina se terminó construyendo décadas luego de su muerte, ¡en Marzo de este año! La máquina en sí es imponente (vean las fotos en el link de abajo), pero lo que "asusta" es que alguien, hace casi 200 años, pudiera diseñarla en papel de forma tan exacta que cuando se armó funcionó a la perfección.

Esa noche cenamos todos juntos en el mismo museo, en una especie de salón de fiestas. Me encantan esas cenas grupales, porque permiten que charles con un montón de gente, te conozcas, sepas quienes son los otros, etc.

El viernes era el último día de trabajo, y luego volvimos todos al hotel porque fue la fiesta de cierre. Cerveza, tragos, comida para picotear de parados, música, charla charla charla. También hubo música en vivo: aquellos empleados que también hacen música se juntan en estos eventos y tocan todos juntos algunos clásicos de siempre, muy copado. Luego hubo un DJ, con baile, pero para esa altura yo ya me había ido a dormir.

Es que el sábado nos levantábamos a las seis de la mañana, para terminar de cerrar la valija, hacer el check out, pasar a cargar nafta, devolver el auto, e ir a hacer todo el tramiterío aeropuertario. El viaje de vuelta se hizo tan largo como corresponde, :(. Seis horas el primer tramo, diez el segundo (con tres de espera en el medio), pero ya volví a casita!

Ah, ¡fotos!

Perdidos en la montaña

Viajes — Domingo 10 de Febrero de 2008, 17:08

Al casi entrar en La Cumbrecita, una chica nos ofreció un folleto sobre una actividad. Nosotros teníamos un mapa y una duda, si una caminata que figuraba en el mapa efectivamente salía de una punta y terminaba en otra, o eran dos caminatas separadas.

Cómo la chica no tenía idea, fuimos a la Oficina de Turismo del lugar, dónde nos dieron un mejor mapa, y la recomendación que esa caminata, de 4 horas, debía ser hecha con guia, ya que los caminos no estaban del todo claro, y en estos días las nubes bajaban demasiado temprano. Pero nos marcó una caminata alternativa, que era por ese lado, pero por otro camino.

Mapa de la travesía

Este segundo camino tenía una duración de caminata de 50 minutos. Como nuestra idea era hacer luego una actividad a la tarde, y ya eran casi las once de la mañana, decidimos hacer esa caminata corta, y listo.

Arrancamos viaje, entonces. La caminata se comenzaba desde una punta de la ciudad, atrás de un hotel, por lo que encaramos para ese lado. Al llegar ahí, quise mirar algo en el mapa, pero a Moni se le había caido.... como yo estaba con la mochila, ella desanduvo las tres o cuatro cuadras hasta la Oficina de Turismo para pedir otro mapa, pero lo encontró antes en el piso.

Ahora sí, con mapa y todo, emprendimos viaje. Al principio estaba todo muy lindo, porque como todavía no habíamos salido de los alrededores de la ciudad, el camino era para autos y caballos, y con sombra. A los cinco minutos de paseo, el camino ya era más complicado, sólo para caballos, pero la sombra estaba muy piola. Obviamente, siempre subiendo.

Al raaaato de caminar, hicimos la primer parada técnica, no sólo para un pis sino para tomar un poco del agua que habíamos llevado (a decir verdad, lo mío era una botella de jugo de pomelo bastante diluído, y Mónica había cargado una botella de Ser naranja-durazno). La bebida estaba fresca, ya que la habíamos sacado de la heladera y envuelto en una toalla, adentro de mi mochila.

Seguimos caminando, entonces, un rato más. El primer intríngulis se nos presentó cuando el camino se dividía. Había un cartel que indicaba que para un lado estaba el cementerio, pero para el otro no decía nada. En nuestro mapa, el cementerio parecía estar más cerca del camino corto que del camino largo, así que al principio tomamos ese camino. Luego de un ratito vislumbramos que el camino se terminaba en las puertas mismas del cementerio, así que decidimos que ese camino era para el cementerio (justamente) y no parte de la excursión, así que volvimos sobre nuestros pasos y tomamos la otra rama del camino.

Caminamos, caminamos, y caminamos. El camino de tierra (o barro) y pasto fue dando lugar a un camino más seco, de muchas piedras sobre tierra, o directamente el camino no era más que unas marcas sobre la piedra misma. Los árboles fueron raleando cada vez más, hasta que terminaron de desaparecer. Subíamos y subíamos, y la vista era maravillosa.

Facu y Moni, en la montaña

Paramos un par de veces a tomar agua y ponernos protector solar. Veníamos ya con partes del cuerpo más quemadas de lo recomendado, y el sol pegaba bastante ahí en lo alto, sin sombras de ningún tipo. Claro, el sol ya estaba bastante alto.... eran como las doce y media...

La hora nos sorprendió, porque habíamos salido once menos diez, y la caminata era de unos cincuenta minutos. Habíamos parado un par de veces para tomar líquido o algo, pero habíamos seguido casi inmediatamente, sin perder demasiado tiempo. Pero el camino era claro, y seguimos. Un par de vueltas más tarde (como todo buen camino de montaña, es sinuoso), encontramos unos lugareños que venían bajando a caballo.

-Buen día-, saludamos.

-Buen día.

-Una pregunta, jefe, ¿es este el camino de la excursión?

-Así es- contestó-, van por buen camino.

Unos segundo más tarde, cuando ya los caballos habían pasado, les pregunté:

-¿Pero este es el camino corto o el largo?

-El largo-, contestaron casi al unísono, y al ver nuestra cara de desconcierto, uno de ellos prosiguió-. El camino corto es mucho más abajo.

-¿Sabrán cuanto falta para la cascada?

-Una hora y cuarto-, comenzó uno, pero el otro enseguida lo corrigió-. No, ni una hora, debe faltar un poco menos de una hora.

Les agradecimos, y con Moni tomamos la decisión de seguir por ese camino, total ya casi íbamos por las dos horas de viaje, y no faltaba tanto para la cascada misma.

Así que seguimos caminando. El camino subía y subía. El sol pegaba bastante. Pero las vistas eran muy lindas, así que la pasábamos bien. A Moni le dolía un poco la cintura, y a mí me había comenzado a doler un pie, pero estábamos bien.

Como una hora más tarde, alcanzamos a una familia (padre, madre, y un nene) que iba en nuestra misma dirección, pero se ve que un poco más lento. Los pasamos, y seguimos. Al rato nomás, llegamos a una parte en que parecía que el camino se acababa. Con Moni frenamos, dudamos. El señor nos alcanzó, caminó para otro lado, y encontró una huella de vehículo, así que seguimos por ahí. Unos diez minutos más tarde llegamos a una especie de cabaña o rancho. Pensábamos que la cascada (que justamente se llamaba Escondida), estaría ahi atrás, porque además estábamos a unos metros de un pequeño riachuelo que bajaba.

Pero no sabíamos cómo encarar. En eso salió un señor, al que le pregunté:

-Buen día, jefe, ¿el camino a la Cascada Escondida es por acá?

-Noooo, es mucho más abajo.

Nos miramos con Moni, sin saber qué hacer.

-¿Y sabrá indicarnos cómo llegar?- le pregunté al señor.

-Es fácil-, contestó.- Vuelven por este camino, siempre bajando, hasta que empiezan a subir. Ahí van a ver un pino, el riachuelo, y un abedul más allá; ahí van hasta el riachuelo y lo siguen, nomás.

Le agradecimos, y comenzamos a deshacer el camino andado, en compañía de la familia con la que nos habíamos encontrado. Volvimos, y en el punto en que antes habíamos frenado y dudado, vimos que el camino comenzaba a subir un poco. No vimos rastro de un pino y/o abedul, pero el riacho estaba cerca, así que decidimos ir hasta el mismo, y en todo caso seguir camino por su orilla.

Paisaje en la búsqueda

Cruzamos una pequeña pradera. La familia tomó más para la izquierda, nosotros para la derecha. Bajamos hasta el riachuelito. Tratando de ver cómo seguir, noté que lo mejor era cruzarlo por unas rocas, y seguir por la otra orilla. Fuimos hasta ese punto, y me mandé primero.

-Ojo, que esa piedra mojada seguro es resbaladiza-, le dije a Moni.

Crucé yo, puse el pie derecho sobre esa piedra, me afirmé con una mano en una saliente, y luego puse también el pie izquierdo sobre la misma piedra. Cuando levanté el pie derecho para dar el último paso, el izquierdo resbaló y se me fue para el fondo del riacho, dándome un lindo golpe en la pierna, y terminando con las dos zapatillas completamente mojadas.

Moni pudo cruzar mejor, con la ayuda de mi mano, y seguimos caminando, siguiendo el río. Unos metros más tarde, no pudimos seguir y volvimos a cruzar el rio, trepando nuevamente a la orilla original, y continuamos recorriendola, a veces incluso separándonos del rio.

En un punto nos volvimos a cruzar con la familia, que estaba intentando cruzar una parte del río, pero nosotros seguimos por la montaña, tratando de seguir al rio pero no al detalle en la orilla, sino más arriba en la montaña. Luego de caminar y trepar unos diez minutos (obviamente a campo abierto, sin ningún tipo de camino ni nada), vimos que estábamos en problemas.

Al río lo teníamos mucho más abajo, no había forma fácil de bajar, y para arriba teníamos unos picos imposibles de escalar. Se abría una pradera a la derecha, que quizás nos permitiría ir bajando de forma menos peligrosa hasta el riacho, que había tomado un camino distinto e iba más para el sur. Yo iba adelante, tratando de ir encontrando el mejor camino, cuando me resbalé, caí sentado de culo, y comencé a deslizarme. Instintivamente me di vuelta y terminé boca abajo, pero firme sobre el terreno.  Me paré y volví a donde estaba Moni, sin más consecuencia que mi pantalón mojado y embarrado, y un buen susto de ella, :).

Obviamente ese no era el mejor camino, buscamos y encontramos otro, y llegamos a esa pradera. Allí notamos que el descenso, aunque más parejo, no iba a ser fácil, ya que la pradera estaba húmeda, y con un resbalón allí íbamos a terminar en el fondo del valle. Antes de tomarlo, decidimos escalar hasta arriba del pico y ver qué encontrábamos del otro lado, para ver mejor qué hacíamos. Trepamos, y cuando llegamos arriba encontramos el camino por el que habíamos venido. La decisión fue facil: antes de tratar de seguir el río, que realmente no sabíamos a dónde nos llevaba, elegimos volver por el camino conocido.

Como a la media hora de caminar el regreso, Moni encontró otro camino que parecía salir desde el principal. Como estábamos todavía con la ilusión de encontrar la cascada, decidimos explorarlo un poquito. Este nuevo sendero prometía: cada tanto veíamos unas piedritas apiladas arriba de las rocas, a modo de señal, y luego de caminar un rato encontramos un pino, el riachuelo, y otro árbol de fondo que bien podría ser un abedul. Pero tratamos de seguir por dónde indicaba el camino, y no pudimos encontrar por dónde seguir (ahora, mientras escribo esto, creo que quizás no era tan claro el sendero porque el riacho estaba bastante crecido, en función de las lluvias de los últimos días).

El pino, el riachuelo y el abedul

Decidimos remontar la bajada, nuevamente hasta el camino original, y continuamos el regreso. Luego de caminar un rato nos encontramos con una pareja que venía haciendo el mismo camino. A ellos les contamos lo aprendido con respecto a dónde llevaba el camino, y nos enteramos por ellos que el camino alternativo, que iba a la Cabeza del Indio, no estaba lejos de allí (ellos habían venido por ese camino). Luego de charlar unos minutos apenas, los despedimos y seguimos adelante. Un rato más tarde, con Moni frenamos unos minutos porque ella estaba apenas mareada, y vimos que el muchacho venía hacia nosotros, mientras la novia exploraba otro camino. Nos contó que estaban tratando de encontrar el camino hacia la cascada, y de paso nos señaló lo que era la piedra a la que llamaban Cabeza del Indio.

Se veía lejos, con unas personas sacando fotos, y atrás de la misma se intuía un camino. Con Moni no encontrábamos el sendero para ir hasta allí, así que decidimos cruzar el campo a lo bruto, sin importar camino, hasta llegar a dónde estaba esa gente. A esa altura del viaje parecía una tontería, y no fue gran cosa. Vimos cual era la piedra en cuestión, y llegamos a ella, pero no /vimos/ la Cabeza que suponíamos debíamos ver.

Pero sí encontramos el camino para ir hacia el pueblo, así que seguimos por ese sendero. A los cinco minutos encontramos dos muchachos que habían arrancado hace poco el camino, así que nos enteramos que estábamos cerca. Seguimos caminando y descendiendo hacia el pueblo, y en un cuarto de hora más ya estábamos al final del camino.

¡Habíamos llegado finalmente al pueblo! Pero ahí nomás estaba el cartel para ir a ver otra cascadita, a quince minutos de caminata. Y como ya estábamos en el baile, seguimos bailando, y nos fuimos hasta la cascadita esta. El camino no era tan complicado, pero nosotros estábamos más que cansados. Llegamos a la cascada, y descansamos un rato.

Cascada, no la Escondida, pero buena igual

Luego emprendimos el regreso, desandando el camino hacia la cascada, y luego bajando desde ese lugar del pueblo hasta la entrada del mismo, donde teníamos el auto y habían unos bares y restaurantes.

Ahora con toda la historia contada, les puedo comentar mejor el mapa que les mostré al principio. Nosotros arrancamos desde Pueblo A. El camino indicado como verde-azul-verde, hasta Pueblo B es el que teoricamente duraba cincuenta minutos. El camino indicado como verde-rojo-verde es el que teoricamente duraba cuatro horas. Nosotros hicimos el primer tramo en verde, casi todo el rojo (nunca llegamos a la cascada escondida) más el punteado hasta la casa del baqueano, más las exploraciones varias, el verde hasta el pueblo nuevamente, y encima el naranja hasta la cascada grande, :)

Llegamos al final luego de seis horas de paseo. Estábamos al límite de nuestro estado físico, no tanto por la caminata, sino también por las vicisitudes vividas, y especialmente porque no habíamos comido absolutamente nada desde el desayuno en casa.  Así que, a riesgo de adelgazar algo, cuando llegamos a la entrada nos clavamos una cerveza y unas papas fritas, :).

Volvimos a casa enseguida, casi sin poder caminar. Llegamos y nos bañamos; yo estaba bastante roto: una ampolla en cada pie, obviamente ya reventadas, un raspón en la espalda, justo arriba del culo, y un huevo en la mitad de la pierna. Moni estaba sólo dolorida, en función del esfuerzo realizado.

Comimos algo, y nos fuimos a dormir: eran las ocho de la noche, pero estábamos agotados. Yo creí que iba a dormir un rato y luego levantarnos, ¡pero dormimos doce horas seguidas! Como dijeron Los Bitle en su momento, anochecer de un día agitado. ¡Si señor!

Vacaciones en Córdoba

Viajes — Jueves 07 de Febrero de 2008, 07:38

Arrancamos el sábado 26, tempranito tempranito, ya que el viaje era bastante largo. Como pasábamos por Rosario, decidimos entrar y pegar una vuelta.

Y, por supuesto, visitar el Monumento a la Bandera. Lamentablemente el tiempo no acompañó, y tuvimos que esperar un rato que baje un poco la lluvia para salir (de paso comimos en el auto, nos hicimos unos sanguchitos con cosas que habíamos llevado y otras que habíamos comprado ahí).

Monumento a la Bandera, en Rosario

Luego seguimos viaje. Llegamos a la zona del Valle de Calamuchita bastante tarde, pero aún de día (gracias a la longitud en la que estábamos y a la hora adeltantada). Pero desde la ruta a Villa Berna en sí el camino lleva tiempo, porque es un mejorado bastante complicado, y como era la primera vez que lo hacíamos tardamos bastante.

La cuestión es que llegamos a la Villa totalmente a oscuras. Luego de pegar un par de vueltas encontramos las cabañas. Nos estaban esperando, así que no tuvimos mayor inconveniente.

La cabaña era una casita de un ambiente con una cocinita en una esquina, un baño, y nada más. Pero estaba lo suficientemente equipada: horno, anafe, heladera, mesita, tele (que usamos poco), etc. Tenía también, afuera, una parrillita no techada.

Al llegar, bajamos todas las cosas, comimos algo, y a dormir.

Al otro día decidimos visitar La Cumbrecita. Nos fijamos en el mapa, y estábamos a unos 7 km. Le pregunté a Chaghi cual era la velocidad de caminata no forzada, y me dijo que unos 4 km/h (el viaje caminando serían menos de dos horas), así que decidimos ir a pata. Hicimos el viaje de ida en una hora y cuarenta, y el de vuelta en una hora y treinta y cinco minutos. Nada mal. El día estaba despejado, así que disfrutamos de unos paisajes bárbaros.

Vista de las montañas

Allá en La Cumbrecita no hicimos demasiado, porque mal que bien estábamos cansados. Así que pegamos una vuelta ínfima, almorzamos en un lindo restaurant suizo, y nada más. Luego de volver a casa, boludeamos un rato y nada más en el día.

El lunes amaneció lindo, también, y decidimos pegarnos una vuelta por Villa General Belgrano. Cuando llegamos el cielo se estaba complicando, pero tuvimos tiempo de pasear por la calle principal, almorzar en una fábrica de cerveza (que visitaríamos luego), y volver a pasear un poquito más.

Queríamos comprar unas cosas en el super, pero la lluvia nos empezó a correr, así que volvimos al auto y buscamos así un supermercado. Cuando lo encontramos, la lluvia ya era torrencial. Compramos algunas cosas, y cuando salimos... ¡la lluvia era mucho peor!

Temí realmente por el viaje de vuelta, ya que los 16 km de mejorado que teníamos para entrar a Villa Berna no parecían muy amigables con la lluvia. Pero en el viaje de Gral Belgrano hasta ese punto la lluvia amainó y casi que paró. Y el mejorado realmente se bancó el agua, así que no tuvimos problema.  Eso sí: llegamos a casa como a las cinco de la tarde, y había un sol bárbaro, pero el día ya estaba terminado, :(

El martes también amaneció lindo. Fuimos a pasear un rato por el río Intiyaco, el cual no está muy lejos de donde parábamos. Aprovechamos a sacar algunas fotos, y de paso, comprar unos pastelitos y un lindo queso casero. Volvimos a casa, para comer, pero ya no salimos, porque la tarde también vino de tormenta...

El miércoles amaneció feo, pero como ya le habíamos tomado el pulso al clima, decidimos ir a pasear igualmente. Esta vez fuimos a Embalse. El viaje de ida fue bajo una lluvia torrencial, pero ya llegando a Villa del Dique, el cielo estaba despejado. Caminamos un buen rato por el dique, subiendo, bajando a la central hidroeléctrica, etc.



Luego seguimos para Embalse y almorzamos tipo picnic en una especie de islita cerca de la orilla (pudimos entrar con el auto, pero si el agua hubiese subido 5cm, no salíamos...). Leimos, volvimos a pasear, hasta dormimos una siesta (bah, yo, Moni tomó sol, jeje).

Volvimos a la tarde a casa: no llovía pero el clima estaba más o menos. Hacía un par de días que queríamos hacer un asado, y esta era la primera nochechita que veíamos que se podía, así que me puse manos a la obra. Me costó bastante poder prender el fuego, porque estaban húmedos hasta los fósforos... (había guardado unas hojas para prender, pero las prendía y se apagaban solas, de tan húmedas que estaban). Pero finalmente agarró, y pude encender unos carbones. Eso sí, luego empezó a llover intermitentemente, lo cual me hizo hacer malabarismos con el fuego y la carne, pero pudimos comer un rico asadito, bien hecho. Eso sí, un poco tarde, pero todo bien.

El jueves amaneció bastante lindo. Decidimos ir nuevamente a La Cumbrecita; esta vez iríamos con el auto, para poder pasear allá. La idea era hacer una o dos caminatas cortitas, y una actividad de aventura a la tarde, pero la realidad fue otra: ¡nos terminamos perdiendo en la montaña! Esta historia vale la pena otro post para ella solita, así que no les voy a adelantar nada por ahora.  El punto es que no hicimos nada de lo planeado, y así se terminó el día.

Al otro día estábamos bastante cansados, así que dejamos cualquier actividad pesada para la tarde y dedicamos la mañana a recorrer un par de ríos (fuimos a Las Cañitas y a Los Reartes). Volvimos a almorzar a casa, con idea de salir a la tarde para hacer la aventura que queríamos hacer, en el Peñon del Aguila.

Dudamos en salir, porque la segunda parte del día pintaba para lluvia, pero fuimos igual. A este lugar se podía acceder de dos maneras, en forma peatonal desde adentro de La Cumbrecita, o en auto, a unos kilómetros de la ruta (nos decidimos por esta última alternativa). Un rato antes de llegar, empezó a llover suavecito. Pero un minuto antes de estacionar el auto, la lluvia se volvió torrencial.

Estacionamos el auto, lo apagamos, y decidimos esperar que la lluvia baje un poco la intensidad. Error. La tormenta empeoró bastante, al punto que casi no se veia para afuera del auto. ¡Hasta comenzó a granizar! Estuvimos atrapados como una hora, y en un momentito que amainó decidimos bajar e ir hasta la estación del trencito que nos llevaría a hacer la actividad. Pero la gente que encontramos allí nos dijo que no habría actividad ese día, por lo llovido.

Nos resignamos, y encaramos la vuelta a casa. El viaje de vuelta estaba complicado, porque había llovido demasiado. Pero nunca nos esperábamos lo que encontramos: ¡que uno de los ríos había incrementado tanto su caudal que no lo podíamos atravesar!

¡Pucha che! El auto por acá no pasa...

La verdad es que dudé si tirarme a pasarlo con el auto, pero no me animé. Esperamos, y esperamos, y se notaba como el caudal bajaba, ya que la lluvia había parado.  A los 15 minutos pasó una camioneta grande, 4x4, y lo cruzó despacio. Del otro lado el tipo me avisó que esperara 15 minutos más y lo cruce.
Asi que seguimos esperando, viendo como el caudal bajaba de a poco (y viendo también como una gran roca que estaba en el río se partía súbitamente por la mitad). Pero como no volvió a llover, finalmente el caudal bajó lo suficiente, y pudimos cruzar el rio sin problemas, y continuamos el viaje de regreso.

El sábado era el último día de paseo. Decidimos ir a Santa Rosa de Calamuchita, en dónde habíamos visto una linda playita de rocas sobre un río como para tomar algo de sol y almorzar. Luego nos fuimos a terminar unas compras en Villa General Belgrano.

Como salimos temprano, logramos hacer todo y llegar a Gral Belgrano justo sobre la una del mediodía, y pudimos visitar la Fábrica de Cerveza Brunnen.  Es una fábrica artesanal, de baja cantidad, y ellos dicen que es cerveza artesanal alemana porque la receta, las máquinas, y parte de los ingredientes son alemanes.

Les iba a explicar en detalle el proceso de elaboración, pero ahora revisando la página web de la fábrica encuentro que acá está el proceso muy bien explicado y con más detalles de los que recordaba...

Ese mismo sábado a la tarde queríamos hacer de una vez por todas el paseo en el Peñón del Aguila, y esta vez sí pudimos. Fuimos en auto hasta el mismo punto que el día anterior, pero esta vez nos dieron el ok para las actividades (el día estaba impecable).

De esa estación nos llevaron al lugar de la activdad en lo que ellos llamaban un tren tirolés, que era una especie de vagón arrastrado por un tractorcito. Todo muy pintoresco, eso sí: todo pintado y ambientado a "lo suizo", con la geste vestida con las prendas típicas, y eso.

Nosotros fuimos principalmente por dos actividades: una era arborismo y la otra un espectáculo.

El arborismo estuvo bárbaro: luego de ponerte un equipo de seguridad te hacían recorrer unos puentes colgantes, aereos, tendidos entre árboles. Los puentes iban desde uno bastante fácil hasta directamente no tener más que un cable de acero sobre el cual cruzar.  Obviamente, por seguridad, siempre había otro cable de acero al cual uno iba enganchado, y del que te agarrabas para hacerla más fácil, :)

Colgados en el aire

Duró unos 20 o 25 minutos, y aunque no parece demasiado complicado, uno termina transpirado como si hubiese corrido una maratón. Moni terminó que no quería saber más nada, pero al rato ya tenía ganas de hacerlo de nuevo, :)

Luego de esto nos quedamos paseando un poco por el lugar visitando la costa del río, hasta que comenzó el espectáculo. El mismo versaba sobre la Leyenda de Gambrinus, leyenda que explicaría la aparición de la cerveza en el mundo a través de un pacto entre Gambrinus y el Diablo.

Más allá de la historia, que estaba buena, y que era todo actuado por humanos vestidos a la época y con caretas, el toque de distinción que hizo buenísimo el espectáculo fue que estaba, sin perder el sentido de la leyenda, adaptado a Córdoba. Incluso, la historia era semi relatada por un diablito muy cordobés que le otorgó un carisma fantástico a todo el show. Imperdible, por ejemplo, al mismísimo Angel Negro... ¡bailando cumbia igual que la Mona Gimenez! Muy recomendado este lugar si llegan a ir por la zona, tanto para grandes como para chicos.

Entre que terminó todo y que volvimos a casa, el día ya había caducado. Empezamos a guardar todo, comimos algo, y nos fuimos a dormir. Es que el domingo nos levantamos a las cinco de la mañana, porque ese mismo día se festejaban los 90 años de mi abuela Cándida, así que salimos super temprano de Córdoba y casi a las cuatro de la tarde ya estábamos en el cumpleaños.

90 años

Lo hicieron en Namuncurá, cerca de Ciudad Evita. Comimos un muy rico asado hecho por Ivan y el tío Enrique, y la verdad es que la pasamos muy bien. Todos, incluso la abuela, como correspondía, :).

Obviamente, después del viaje y del cumpleaños al aire libre, a la noche casi que nos desmayamos del cansancio.

Pero fueron unas vacaciones muy muy lindas, con muchas actividades y emociones, en una zona a la que seguramente volveremos, :) Como siempre, en Flickr dejé las fotos.

Un largo, largo camino a casa

Viajes — Domingo 30 de Septiembre de 2007, 13:17

El jueves terminamos el curso una hora antes de las seis, así que aproveché y me fuí rápido al hotel a dejar las cosas. El bus de la empresa, el tren hasta Dun Laoghaire, cinco minutos de caminata hasta el hotel, subir y dejar las cosas. A las seis ya estaba afuera nuevamente.

Aunque el cielo estaba encapotado y a punto de llover, tenía una o dos horas de luz para pasear un poquito por esa zona, que no la había recorrido, y al menos el muelle parecía interesante. También pasé por una librería, porque tenía un encargo y otras cosas que comprar.

Como siempre, prefiero no salir a comer sólo cuando estoy afuera, así que me compré algo de comer y unas cervezas, y me fui al hotel. Antes de subir, pasé por recepción para que me dieran el código de acceso de internet de ese día.


Internet

Llegué a la habitación y me conecté. Bueno, es un decir, porque no funcaba. Y acá corresponde recapitular algo.

Todavía en Argentina, averigüé y me confirmaron desde el hotel que daban acceso a Internet en las habitaciones, con un costo diario de 10 euros que yo tranquilamente pensaba cargárselo a Ericsson. Cuando llego el primer día y me quiero conectar, veo que lamentablemente es por cable, no wifi.

No importa, me conecto, y nada. No tenía link (no se me prendía la lucecita de dónde uno enchufa el cable), así que seguro que no era yo. Llamo a soporte al 222, como decía un cartelito por ahí, y constantemente ocupado. Llamo entonces a recepción, y tratando de ponerme lo menos técnico posible, les expliqué que "internet no andaba", y que eran ellos porque no tenía "ni señal".

Me dijeron que revisaban y subían para ver si podían ayudarme. Yo me puse a acomodar las cosas, y unos cinco minutos después me percaté que ya tenía link, así que me apronté a ver si funcaba todo ok. En eso llamaron a la puerta, y eran un muchacho y una señora, que venían a ver qué onda. Les dije "je, link ya tengo, ustedes tocaron algo, ¿no?". El flaco me contestó que sí, que habían cambiado unos cables, pero mejor revisar si funcionaba.

Fuimos a la laptop, y me fijé que tenía ip, gateway, y hasta dns! Abro el Firefox, y entro a una página del hotel que me pedía un código. El flaco se vio contrariado por la situación, explicándome que eso debería verlo si estaba conectado al wifi, pero no, yo tenía la eth1 apagada, así que estaba por cable seguro. Anyway, el pibe me dice que me va a tener que dar un código por día, y todo bien por mi.

Volvemos al último día, donde llegué a la habitación y me conecté, y no funcaba.Luego de media hora de hacer pruebas (las que no voy a escribir acá por lo tedioso), me aseguré finalmente que el problema era de ellos: yo tenía ip, tenía gw, y lo único raro era que el dns correspondía a otra red; podía hacer ping al gw y al dns, pero un "dig @dns www.google.com" no funcaba, y un ping a OpenDNS tampoco. Un tcpdump me mostró que cada muuuuuy tanto recibía un paquete de respuesta del dns, hice un ping a www.google.com, y la enésima vez que recibió la IP del dns, probé lo que decía antes: el ping me marcaba un 98% de paquetes perdidos (de unos 480 envíados, recibí 2).

Por suerte no era tarde, así que llamé al 222, y ocupado. Llamé a recepción, y me dijeron que tenía que marcar "9" antes. Ok, llamo al 9222, y ocupado. Es más, ya al marcar 9 daba ocupado. Llamo nuevamente a recepción, y me dicen que está ok ese tono de ocupado, que ella tiene el mismo, que vuelva a probar. Ya desconfiado, sin saber si la mina tenía mala leche o era simplemente estúpida, vuelvo a probar 10 veces, y nunca tuve respuesta. Llamé entonces a recepción y le rompí las pelotas hasta que mandó a alguien.

Vino un flaquito, que comprobó que "internet no andaba", e intentó llamar al 222 (acá me reí yo, porque el flaco luego de probar 10 maneras distintas, terminó llamando a recepción diciendo que había probado todo y no sabía más que hacer). Finalmente la mina de recepción llamó a soporte (es una empresa externa, que es la que les da internet a ellos; pero no solo el acceso, sino toda la solución, parece) y me pasó la llamada. Luego de algo de música y unas opciones raras (en una tuve que elegir si estaba con wifi en el lobby, o por cable en la habitación), y una voz grabada que me daba instrucciones super elaboradas como "agarre el cable negro que está con un cartel de Internet, y enchúfelo en su computadora", me atendió un humano.

Era un piba. Pobre, porque en tres minutos le conté toda la situación, desde que tenía los datos, hasta lo del tcpdump. Yo pensé "o entiende todo y hace lo posible para resolverlo, o me corta". Por suerte, caí con alguien más o menos calificado, que me fue haciendo algunas preguntas (hasta mi MAC address), y estuvo, al menos, haciendo como si tratara de resolver algo. Al rato me dice que ella probó todo y está bien, que iba a averiguar con back office, y me puso en hold. A los 10 minutos volvió, pero sólo con una mala noticia: ellos veían todo bien, y tenían que pasarle todo a un soporte externo, que vaya probando cada 10 minutos, y me dió un número de reclamo.


No internet, no paseo

Ok, sin acceso a la red. No podía revisar mail, no podía entrar en IRC en #pyar, y no podía buscarlo a Lucio en el IM para hablar de la charla que estamos preparando. Pero como tenía laburo que hacer en la máquina, no me preocupé.

Estoy haciendo un programita para mostrar texto como presentación en filminas, y como dice mi amigo Karucha, con Python se puede programar sin tener acceso a internet. Uno tarda más en encontrar la info, pero está, y pude avanzar bastante en mi sistema hasta que me fui a dormir.

Al otro día me levanté temprano, me bañé y luego de desayunar me tomé un bus hasta el aeropuerto. Todo sin novedad, hasta que llegué al "charlsdegol" de París, donde tenía la escala a Buenos Aires. Una escala complicada, porque tuve 11 horas de espera (sí, once, joder). Ojo, que viéndolo desde otro punto de vista, me daba tiempo para salir a la ciudad y pasear un poquito.

Acá fue donde comenzaron los problemas. Aunque mi primer impresión de los franceses fue buena, ellos mismos se encargaron muy prontamente de marcar lo antipáticos que son. Al bajar del avión uno tiene dos posibilidades, o va a la zona para tomar el otro avión, o va a la zona de salida del aeropuerto. Antes de tomar esta decisión, le pregunté a un flaquito del aeropuerto que andaba por ahí si podía salir sin problemas del aeropuerto, ir a la ciudad, y volver en unas horas. Terminé hablando en castellano, y me comentó que él estaba casi seguro que sí, que el único problema posible es que necesite una visa para entrar, que le pregunte al mismo tipo que hace el trámite de salida (que no intente pasar directamente, que pregunte). Ok, fuí allí y el con este también terminé hablando en castellano, y me dijo que no había problema.  Ese fue el punto hasta donde estuvo todo bien.

Antes que nada tenía que buscar dónde agarrar el tren, y dónde dejar el bolso (mi único problema es que yo tenía un bolsito de mano, que como compré algunas cosas en Irlanda pesaba bastante; está todo bien para llevarlo un rato, pero ya incluso me empezó a romper las pelotas de llevarlo de un lado al otro del aeropuerto).

Fuí a Turismo, y les comenté que tenía algunas horas libres, que quería ir al centro de la ciudad a conocer algo. Como la mina no reaccionaba, le pregunté dónde me podía tomar el tren, y me contestó que no era un buen día para trenes, que tenían un problema, que salían uno de cada tres, y que no me los recomendaba, pero que había un bus que por 20 morlacos de los europeos me llevaba al Campo Elíseos, ida y vuelta. No me hacía ninguna gracia gastarme esa guita sólo en el viaje, pero si no quedaba otra... Después de eso, la mina no me dijo más nada. Entonces le pregunté, "y ahí qué hago?". Para mi sorpresa, la mina (la que te atiende en turismo!) se encogió de hombros. "¿Algo para ver, algún museo?", le pregunté, y ahí me dió dos folletos y me mandó a una pared donde había 500 más.

Bien, ya tenía como ir al centro. Ahora tenía que dejar el bolso. Ahi mismo en turismo pregunté por un lugar dónde haya lockers o algo, y me mandaron para una punta. Luego de caminar un buen rato, y terminar esa zona, me di cuenta que no había nada ni remotamente parecido. Por suerte había un mostrador de informaciones. Le hice la misma pregunta, y me contestó "Gate 4" y mandó por donde había venido. Comencé a caminar, y lo que más sospecha me traía era que en todos los carteles, no habían "gates", todas las zonas del aeropuerto tienen otros nombres. Ok, seguí caminando, y le pregunté a otra persona. Me dijo que ni idea, pero que por esa zona seguro que no, y que más allá había otro mostrador de informaciones. Tuve que esperar cinco minutos que la mina dejara de hablar con las amigas, y me mandó a otra punta del aeropuerto, diciendo "Gate 4". A esa altura yo creía que "gate 4" es un código que estas hijas de puta usaban para mandarme a cagar, pero seguí caminando para esa zona.

De cualquier manera, era para el lado del tren, donde yo pensé que quizás habían otros lockers, así que todo bien. Obvio, no encontré nada ni parecido a un lugar para dejar valijas, así que en el camino le pregunté a un par de morochos que había ahí. Uno me despachó enseguida con un "no english", pero el otro, con un inglés muy malo, me quizo ayudar. Cuando entendió lo que quería, me comentó (más con señas que con palabras) que no habían más lockers en el aeropuerto ni en ninguna zona de esas, por una cuestión de seguridad, por las bombas.

Debo reconocer que este es el que me pareció más creible de todos. La única oportunidad que tenía era tomarme el tren, y jugarme a que haya lockers en la estación donde me baje (que es normal en estaciones grandes, y asumí que la de los campos elíseos esos debe ser grande porque el lugar es conocido). Así que caminé como 700 metros más y llegué a la zona de los trenes.

Un puto quilombo. Gente haciendo colas inmensas, guardias de seguridad y encargados de los trenes corriendo de un lado para el otro, etc. No sé que mierda pasaba, pero ni preguntar podías. Encima, en una estoy parado mirando que hacer (y descansando mis brazos por el bolsito), y escucho a una pareja de españoles que decían algo como "ni siquiera saben si se va a normalizar hoy". Y al 70% de los franceses a los que querés preguntar algo, te contestan "no english". Loco, ¡¡están en un aeropuerto internacional!!

Ahí me rendí: si había algo que NO quería que pase, es ir al centro y luego no poder volver en hora y perder el vuelo. Franceses del orto, mal organizados, y con poca ganas de ayudar. Gracias, me voy a gastar mi platita a otro lado. Métanse la torre eiffel en el culo.


Etapa final

Con la decisión tomada de quedarme en el aeropuerto, tuve tiempo para trabajar en el sistemita que estoy haciendo. Mucho tiempo. Horas.

Pero encontré un lugar piola para sentarme, sin gente que rompa las bolas, con enchufe, un monitor cerca para ver que no se me vaya el avión, y pude trabajar tranquilo. También aproveché para escribir algo de esto, ver un video de cómo dar vuelta una esfera "de adentro para afuera" (es buenísimo, ¡gracias Dave!), y un capítulo de los Expedientes X (voy por la cuarta temporada).

Luego el viaje, que no se me hizo tan largo porque entre dormir, ver una peli, laburar en la laptop lo que dura la batería, cenar, desayunar, y leer un rato, creo que me aburrí diez minutos...

Y finalmente, en casa, :D. Fotos de Irlanda, acá.

On the run, again

Viajes — Martes 25 de Septiembre de 2007, 14:45

Hace bastaaaaaante que no estaba con diferencia horaria positiva (más de dos años, desde EuroPython 2005).

Estas lineas las estoy escribiendo desde Dublin, Irlanda, donde llegué hoy para estar mañana y pasado en un curso de Mobile TV, enviado por Ericsson. El viernes ya arranco de vuelta pa' los pagos, llegando a casa el sábado a la mañana.

Irlanda es rara, porque la gente habla inglés pero es una ciudad europea, :). Bah, no sé si rara, pero es la primera vez que me pasa a mí.

Anyway, dos fueron las cosas que más me llamaron la atención por ahora.

La primera es que tienen el volante del lado equivocado, ;). Parece que ellos están de acuerdo en eso, porque no chocan ni nada, pero a primera vista causa impresión. Uno está tan acostumbrado a que el flujo de vehículos sea distinto, que en los cruces o rotondas siempre me da la impresión de que se la van a dar, pero ellos van por el carril que corresponde y todo bien, jejeje.

La segunda es que yo pensé que hablaban inglés, pero no. Bueno, sí, Irlanda tiene otro idioma oficial aparte del inglés, el irlandés.  El problema es que cuando hablan inglés lo hacen de tal manera que uno entendería más si hablasen en klingon... Hablan tan cerrado y rápido que hay que pedirles que por favor frenen un poquito. Ahí sí, magicamente, uno empieza a entender..

Llegué al hotel a la tarde, así que no tuve demasiado tiempo para conocer, pero aproveché que quedaban un par de horas de luz y me fuí para el centro, para conocer la ciudad de la forma que a mi más me gusta: caminando.

Son típicos los bares, obvio, y The Temple Bar es un clásico. Más que nada para seguir el ritual, entré y me tomé una pinta de Guiness tirada negra, :). Pensé que me iba a salir más caro: sólo cinco euros (lo mismo que pagaba la pinta de cerveza en Bologna cinco años atrás).

Veremos cómo siguen estos días, pero mañana ya empieza el curso y no voy a tener mucho tiempo libre...

Pa' Chile me voy

Viajes — Miércoles 29 de Agosto de 2007, 08:15

Salgo en un par de horas para el hermano pais, de curso hasta el viernes.

Espero tener internet en el hotel, así puedos contarles algo, pero no esperen demasiado: voy de curso, a internarme 9 horas en una sala de reuniones, así que no voy a andar paseando ni nada.

En Santiago ya estuve, y no me gustó, así que tampoco voy a salir a recorrer demasiado.

Si tengo internet, seguro voy a estar trabajando en el gran update a Decimal que estoy preparando. Y si no, en una especie de jueguito de simulación que estoy armando para probar que este enfoque sirve.

7JRSL, bonus track

Viajes — Viernes 17 de Agosto de 2007, 06:50

Luego del cierre de la conferencia, el sábado, desarmamos todo y partimos hacia Except, algunos en auto, otros caminando, donde más tarde se haría la 23era reunión de Python Argentina.

Allí primero comimos todos los que habíamos ido directamente desde la conferencia, y justo luego de comer, se largó la reunión. No voy a entrar en mayor detalle acá, pero tienen en el sitio de PyAr una muy buena minuta (¡gracias César!).

Luego de la reunión, algunos partieron de joda hacia 990 (un pub de la zona), y otros nos quedamos de joda ahí mismo en Except: fueron a comprar fernet, coca e hielo, y nos pusimos a charlar de temas generales y a jugar al Mafia (¡hasta las cinco de la mañana!).

De ahí al hostel, a dormir la última noche. Al otro día, luego de bañarme, cerrar el bolso y hacer el checkout, me pasaron los chicos a buscar para ir al asado. El viaje fue divertido; nos habían explicado cómo ir, y yo confiaba en mi memoria, pero no contábamos con que las calles que debíamos tomar iban a estar cortadas. Nos perdimos un poquito, pero llegamos bien.

El asado estuvo buenísimo, no sólo por la comida en sí (carnes varias, ensaladas, vino tinto), sino por la gran cantidad de gente de la comunidad. ¿Quién dijo que el software libre no paga? Ese tipo de eventos me ponen muy contento.

Finalmente llegó la hora de partir, previa foto de el subconjunto de los presentes que éramos de PyAr:



El viaje de regreso fue sin mayor inconveniente. Matías probó ser un eficiente conductor, incansable, un relojito. Terminé acostándome a las dos y media de la mañana, con un cansancio que sigo arrastrando el resto de la semana.

Pero feliz.

PD: Ya publiqué todas mis fotos del evento, :)

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